05 octubre 2015

EDVARD MUNCH, EL CIELO SE ESTÁ VINIENDO ABAJO


El Museo Thyssen recibe la primera exposición de Munch desde la de los ochenta:
http://www.museothyssen.org/thyssen/ficha_artista/425

Este es un fragmento de mi artículo sobre el pintor, que publiqué en MB Nº 33:






NOCHE ETERNA Y PASIÓN

"Mi arte está enraizado en una única reflexión: ¿Por qué no soy como los demás? ¿Por qué había una maldición en mi casa? ¿Por qué vine a este mundo sin elección alguna? Mi arte da sentido a mi vida".
El artista.

"Él pinta cosas, o más bien las ve, de forma diferente al resto de los artistas. Él sólo ve lo que es esencial y no es necesario decir que eso es también lo que pinta… Esto es lo que le pone a Munch un paso más allá de su generación, simplemente, sabía cómo reflejar lo que sentía…".
André Breton.

Un hombre de físico y psique frágil. Melancolía, síndrome neurótico-depresivo, fobia social, agorafobia. Trastornos de la personalidad. Alcoholismo. Criado en un ambiente muy religioso. Incomprensión social.  Un artista hipersensible que intenta dar salida a semejante panorama: ese es Munch. Y estos son sus cuadros.


Como pintor, Munch es un Maestro. Único por su dominio de la técnica. Único por sus temas. No es el pintor que va superando etapas y cambia de estilo constantemente, quizá en un afán de alcanzar lo inalcanzable o de ser más famoso. Los temas de Munch son siempre los mismos. La actitud, exacta y uniforme. Y a la hora de pintar, un virtuoso.

Además de lo apesadumbrado de su conflictivo yo, Munch se debate en un duelo por recoger también la luz mágica del mundo nórdico. Su pintura es reflejo del ritmo cósmico, de la alternancia del solsticio de verano/ solsticio de invierno, día/noche, cuerpo/alma. No hay etapas o cambios de estilo, ni giros bruscos en esta obra, son más de sesenta años pintando una compleja personalidad, con una marca única y prodigiosa.

Los temas se repiten de manera imperturbable. También hay repeticiones del mismo cuadro o motivo. En realidad, todo el corpus de su obra puede titularse "El Friso de la Vida", unas veces absoluta expresión de ansiedad (como en La Danza de la Vida, un tema recurrente en otros contemporáneos suyos como Mahler o Bergman), otras de un pathos más enternecido por la propia pesadumbre.

"La gente se va a dar cuenta de que es algo casi sagrado y se va a quitar el sombrero como si estuviera en una iglesia".


Munch no se ve a sí mismo como un héroe romántico, extravagante iluminado, rompe moldes o fenómeno de la vanguardia: es, como artista, un testigo espiritual del sentido de la vida. Pero tampoco hay autocompasión en este trabajo, nada más lejos de la autoconmiseración que los escritos autobiográficos y su posterior plasmación en pintura.

El escritor Octavio Paz habla sobre Munch en su artículo "La Dama y el Esqueleto", aludiendo a los dos temas casi únicos en la obra: Amor y Muerte. Expresa, como nos ha pasado a todos los que hemos visto sus cuadros, esa atracción irresistible hacia el abismo. Los hombres antiguos se habrían muerto del susto, pero los cansados y decadentes humanos de hoy nos vemos como en un espejo, se nos abre una grieta desde la boca hasta las entrañas más profundas. "La unidad de su estilo fue el resultado de una fatalidad personal: no una elección estética, sino un destino. Pero un destino libremente aceptado". Como un profeta o apóstol.



Que la enorme producción de Munch sea uniforme y coherente, repetitiva incluso, no significa en absoluto que Munch tuviera poca pericia a la hora de pintar. Todo lo contrario, si sus temas son recurrentes, las técnicas en las que se muestran son muy variadas y realizadas con un gran dominio. ¿Han estado cerca de algún cuadro suyo? Yo vi algunos en una exposición en los ochenta en Madrid, y resultaban impresionantes: los trazos habían sido elaborados tan minuciosamente, que una capa gruesa de pintura sobresalía del plano del lienzo. Retoques de color, bordes repetidos enfermizamente, trazos vigorosos, toda la fuerza que no poseía en la vida diaria, el débil y achacoso Munch la vaciaba en sus pinturas. Son pinturas poderosas, que provocan reacciones sinestésicas, que miran en el interior de un ser humano desarmado por el Amor, la Soledad y la Muerte. Conceptos antiguos, viejos, feos incluso, que han dejado de ser importantes.


Una de sus primeras obras, "La Niña Enferma", es como una fotografía "psíquica" de la muerte de su hermana. Por aquella época estaba muy de moda pintar cuadros con gente enferma en una cama. El otro cuadro, muy parecido, "Muerte en la Alcoba", tiene a toda la familia Munch retratada, pero en la fecha de la pintura, no cuando Sophie murió, como si la Parca hubiese permanecido entre ellos, y estos se hubiesen quedado suspendidos, congelados, por el dolor. El muro verde del fondo, que simboliza la enfermedad (lo verde tiene en muchas ocasiones ese sentido de muerte o desgracia). Las líneas naranjas que reflejan la escena como si fuera una imagen teatral. Y las líneas negras y grises, mezcladas con los colores chillones, la tensión y la ansiedad...


El tema resumen de estos asuntos tan poco de actualidad es uno todavía más lejano en la Historia y el Tiempo: simplemente, El Hombre, enajenado, exaltado o abatido. Siempre "Bajo la Rueda" (qué munchiana es esa novela). Arriba o Abajo. El determinismo biológico de la época sustenta esa idea de la predestinación, unida a unos problemas espirituales muy de su tierra. Esa infancia marcada por la muerte y la locura, su creencia supersticiosa en la herencia por las mismas razones, la sombra de Romanovich Raskolnikov, el alcoholismo galopante ("El Día Después"), los amores crueles, el pesimismo de Strindberg, la comprensión profunda, reverencial y optimista de la naturaleza (los paisajes, los niños, las mujeres, en cierto sentido) y el horror y pavor a la civilización y al ser humano. La obra sería un compendio imposible - en otro caso que no fuera Munch -, de Realismo (Simbolismo), Transrealidad (Expresionismo) y Surrealismo, que también está presente, en esos cuadros nocturnos, sobre sueño, angustia, muerte y erotismo.


En la Rueda, entre la vida y la muerte, también está el dualismo Hombre-Mujer. Aquí la Mujer siempre gana, porque es capaz de dar vida y de matar (bien sentimental o realmente) a su compañero. Un Amor y un concepto de las relaciones amorosas y del objeto amado, siniestro/gótico, diría yo. Las mujeres de Munch, las que vemos en Rose y Amelie, en la Vampira, la niña de Pubertad, la mujer de La Voz o las Madonnas, siempre guardan el mito de las malas, la femme fatal, Lilith o Salomé: la "belle dame sans merci", un ser inaccesible, poderoso, cruel y perverso. Sólo hay que ver en el borde de los grabados de las Madonnas, esos ridículos espermatozoides, y el homúnculo que no puede entrar en el círculo que delimitan los cabellos encrespados de la señora que está como en trance y a punto de sacar los colmillos.

El hombre de Munch, él mismo, siempre es una víctima, sea de una Arpía, de sus congéneres, o de sí mismo. Y sobre todo, siempre está más solo que la una. Sus múltiples autorretratos, muestra de vanidad, pero también de castigo, dan fe de ello, de su aislamiento, su continuo autojuicio y severa disección espiritual (en uno de los primeros autorretratos, se llegó a pintar simulando una calavera, dando a entender que posiblemente sería el primero, y el último). Los de sus últimos años resultan especialmente crueles, porque el pintor no escatima en medios para reflejar su deterioro físico.



Es uno de los primeros, si no el primero, en plasmar la enajenación del hombre en las ciudades modernas. Se ve además cómo este hecho le va afectando, por ejemplo, en las dos variaciones de su cuadro de la calle Karl Johan, hechos uno antes y el otro después de la muerte de su padre: mientras que el primero ("Día de Primavera en Karl Johan") parece hasta amable, podría haber sido firmado perfectamente por cualquier impresionista francés, el segundo, la gente que sale ya ni es feliz ni sonríe. Van en dirección contraria a la figura que representa al propio Munch, que se ve a sí mismo como un outsider de finales del siglo XIX. Ahora son máscaras oscuras que miran al espectador con gesto siniestro, bajo un cielo que da pavor. El miedo a la masa en la gran ciudad, esa masa que te escudriña, pero sin verte siquiera. La idea de esta segunda pintura le vino, cuando, caminando por ese lugar en medio de una turbamulta de paseantes, vio a una mujer que caminaba directamente hacia él, pero que después pasó a su lado de largo. "Me sentí tan solo. Me sentía como si la gente me mirara, todas esas caras extrañas, pálidas en la luz nocturna". Ni Hopper transmite tanto desespero.

Munch quiere reflejar su espíritu y sus tormentos; es como Austin Spare. Pero coincide en el anti-realismo, en un No-Realismo que opta por la visión del sueño, o más bien de las pesadillas, hacia la realidad. También se parece un poco a los dibujos (y grabados, sobre todo) de William Blake. Como ellos, Munch es un "pintor anímico" o "psíquico", que suele pintar su infierno interior, a diferencia de Spare, que quiere pintar el de verdad. Pero los dos intentan reflejar con el color y las líneas las zonas más profundas de la psique. "La cámara fotográfica no podrá competir con el pincel y la paleta, mientras no pueda utilizarse en el cielo y en el infierno". Yo ya no estoy tan segura de esta afirmación…


Final inesperado. La obra de Munch tiene ese sentido radicalmente oscuro, hasta aproximadamente, cuando el pintor cumple los 45 y consigue salir un poco de la depresión crónica. Cuando Munch abandona el alcohol, se encierra a pintar y deja de atormentarse con las mujeres, sus cuadros adquieren paulatinamente mayor vitalidad y un pequeño optimismo. A medida que pasan los años y el siglo XX casi llega a su mitad con él, hay más paisajes fulgurantes, más retratos humanizados y un empleo alegre del color y el movimiento, posiblemente influido por el cine. Cuando el arte ha llegado a su máxima defragmentación, Munch, que ha inventado todo eso mucho antes, vuelve al realismo. Es algo similar, aunque no tan extremo, como el proceso vital-artístico del francés Odilon Redon: de pintar ojos gigantes y arañas aterradoras con caritas humanas, acaba de anciano haciendo murales dedicados al sol. Pues igual. Por suerte, en la vejez, Munch se reconcilió - un poco - consigo mismo.

"Munch supo, ejemplarmente, utilizar la lección de Gauguin, en un sentido muy distinto al fauvinismo… Fiel al estilo de las grandes interrogaciones que marcan sobre las obras de Gauguin y de Van Gogh, nos precipitó en el espectáculo de la vida, en todo lo que este ofrece de locura y perdición"
(André Breton).



Las influencias artísticas del noruego son claras: la poesía y el arte simbolista (retrato de Mallarmé),  la literatura de Dostoievski (la serie La Ruleta es un homenaje al loco Fiodor). Leyó, lógicamente, a Kierkegaard, admiró a Ibsen (hizo carteles para Hedda Glaber, Pierre Gynt y Juan Gabriel Borkman). También le marcó el pensamiento anarquista. Tiene muchos y muy profundos paralelismos con los grandes pintores simbolistas, como Arnold Böcklin, Khnopff, Moreau, Félicien Rops (y sus desvaríos del lado oscuro), o James Ensor (y sus esqueletos). Sin embargo, ninguno de ellos se atrevió a plasmar tanto en sus cuadros su propio yo, su vida y sus tribulaciones, como hizo él. Munch utiliza una serie de elementos simbólicos de forma constante, y todo da a entender que no fueron buscados a propósito, sino que nacen simplemente de la intuición (o del inconsciente) a la hora de pintar: el reflejo de la luna sobre el agua, la línea del horizonte en el mar, las mujeres vestidas en blanco, rojo o negro, y sobre todo, la peculiar mancha de sombra que envuelve a todos los personajes, una sombra negra informe y amenazadora.
Como un tebeo, muchas veces, un rostro en primer plano, casi siempre alucinado o expectante, que o es el propio rostro de Munch o el de un tipo que parece el Cesare de Caligari, mira al espectador, mientras la escena se desarrolla en un plano posterior, como si ésta fuera el bocadillo que representa su pensamiento.  O su alucinación, más bien. En los momentos más críticos, hay varios cuadros donde salen dos figuras, una que camina dirección al espectador, la otra de espaldas, hacia el fondo del cuadro, como si el artista se estuviera volviendo esquizofrénico.


Un arte, por tanto, esencial y primitivo: "No le hace falta viajar a Tahití para ver y experimentar lo primitivo en la naturaleza humana. Él llevaba dentro su propio Tahití".


26 junio 2015

Sumisión




"... se siente nostalgia de un lugar simplemente porque uno ha vivido allí, poco importa si bien o mal, el pasado siempre es bonito, y también el futuro, sólo duele el presente y cargamos con él con un absceso de sufrimiento que nos acompaña entre dos infinitos de apacible felicidad. "
Michel Houellebecq, Sumisión, Anagrama, pág. 250.

06 marzo 2014

LEOPOLDO MARÍA PANERO




Entrevista que los responsables del fanzine Camisa de Fuerza nos cedieron para nuestro Nº 25 de 2001.

07 septiembre 2013

JACK PARSONS. THE DARK SIDE OF THE MOON





Mr. Parsons y su historia podrían perfectamente servir, si no lo han hecho ya, de relleno de uno de estos programas de los canales de la TDT como Explora o Discovery MAX de divulgación para dummies, como “Macabro, pero cierto”, “Mega Construcciones” o “Ciencia divertida”, que mezclan la historia, la técnica y los detalles morbosos con puestas en escenas de tercera categoría. Yo, para no ser menos, voy a presentarles al científico y ocultista a quien ya hemos mencionado en algunas ocasiones en el fanzine, cuando repasamos, en el comienzo de nuestra también muy pintoresca biografía, las hazañas de nuestro personaje de cabecera, Aleister Crowley

El caso de Parsons lo tiene todo para que a alguien se le hubiese ocurrido escribir un guión cinematográfico, siquiera una novela, pero el caso es que, salvo los venerables RAW y Alan Moore, nadie se ha acordado de él: una rara contradicción, además de ser una notable figura en el mundo del ocultismo norteamericano, fue una eminencia de la física y la química, clave en la investigación y desarrollo de los cohetes autopropulsados.

Este año se cumplen sesenta años de su muerte y quiero dejarles estas notas…


(Próximamente, en Mondo Brutto Nº43)

22 agosto 2013

HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT. 20 AGOSTO 1890

Qué mejor manera de celebrar mi exilio y reanimar el blog con una entrada sobre H.P. Lovecraft, ya que estos días se conmemora su nacimiento, el 20 de agosto de 1890.



Ningún escritor me ha provocado una impresión tan grande. Michel Houellebecq afirma que el poeta, historiador, investigador y erudito posee algo que trasciende el mero hecho de la escritura, una cualidad extraña en su obra que lo hace especialísmo, casi no literario.  Para quien no haya leído a Lovecraft, esta idea puede parecer una exageración, pero una vez hundido en su universo complejo y caótico, asentado sobre categorías imposibles, desafíos a la ciencia y la lógica, y habiéndose dejado llevar por la descripción detallada y estremecida de un pasado cósmico donde el género humano pintaba poco o más bien nada, esa planificación literaria incomparable del absurdo existencial y el miedo, donde no falta un sentido del humor ciertamente peculiar,  quedará la duda de si Lovecraft fue aquel extraordinario personaje, de carácter mucho más amable de como le retratan algunas biografías, obsesionado con las religiones antiguas, la astronomía y la cultura victoriana, o si fue en realidad un visionario, un artista poseído por el espíritu de algo que duerme agazapado en lo más primitivo de nuestros cerebros de reptil. Quizá un médium, vestigio de sus ilustres antepasados, que tuvo la capacidad de mirar donde no se atreve nadie, mucho más allá de los límites de nuestra conciencia, y contempló algo distinto, maravilloso en su diferencia, pero inconcebible por nuestras mentes débiles y vanas.



Solo un carácter como el de Lovecraft, personalidad solitaria, cerebro prodigioso acostumbrado a la ensoñación, a vagar por los bosques y las calles de Providence buscando contacto con los espíritus y las estrellas, mucho más interesantes en su apreciación que la compañía de los seres humanos, podía desarrollar un cuerpo literario de tal calibre. En el espejo negro de sus mundos, fríos, lejanos e indiferentes, se ha visto reflejada y absorbida una legión de lectores, la cual comparte como L. el extrañamiento del ser y el estar, incapaz de entender el sufrimiento que no apacigua todo el desarrollo científico y los avances tecnológicos de este mundo. Más al contrario, desvela, como le sucedió a Lovecraft y a un grupo destacado de artistas y pensadores de su época, una sensación de orfandad frente al universo, por la certidumbre, esta vez con cifras y datos mensurables, de que no hay nada en nosotros ni fuera más allá de la muerte. Entonces queda una única respuesta: acudir a las regiones del sueño, a las simas del océano o al espacio profundo, a las dimensiones desconocidas para desafiar el temor y el temblor.


Yo no debía tener más de catorce o quince años cuando leí por primera vez los Mitos de Cthulhu, en la edición de Alianza. Poco después, tuve en mis manos La Sombra sobre Innsmouth, de la magnífica colección Libro Amigo de Bruguera y varias antologías de relatos de terror, en Acervo y Labor. Encontré que los cuentos góticos del joven Lovecraft tenían puntos en común con el ideario romántico de Edgar Allan Poe, estaban construidos siguiendo el patrón del maestro del relato (los cuentos de detectives, las aventuras)  pero en estos, la hipersensibilidad de Poe ante los efectos de la belleza o el miedo, y la eterna sublimación del amor eran sustituidas por unas circunstancias que transformaban el terror del XIX en una máquina de nuestros días, implacable, sin rostro y sin alma. Lovecraft no quería regodearse en sus sentimientos,  simplemente ofrece la visión, diseccionada racional y fríamente como en un libro de matemáticas, de las posibles ecuaciones de sus pesadillas para encontrar explicación a lo que no se puede abarcar con el lenguaje. Insisto, con un  humor soterrado que convierte a Lovecraft en un artista más actual que cualquier fenómeno de moda post,  y que abre la puerta a un miedo no cotidiano, que se apodera de sus protagonistas desde lugares muy lejanos al crimen, el dolor, las pasiones o los fantasmas clásicos, elementos insignificantes en el concierto cósmico. Son relatos como “El Templo”, “Los Gatos de Ulthar”, “El grabado en la casa”, “Herbert West, reanimador”, “Las Ratas en las paredes”, “En la cripta”, “El caso de Charles Dexter Ward”, donde se mezcla el horror tradicional con la violencia de Ambrose Bierce, hay incursiones en la ciencia y la tecnología como espacio para el estremecimiento (una pre Nueva Carne), y las aventuras del personaje solitario acosado por horrores sin cuento, siempre con la obsesión de encontrar la clave en los textos antiguos de magia y los ritos paganos, en una clara transposición del propio Lovecraft. Son especialmente notables sus textos localizados en el antiguo Egipto, donde desarrolla historias de terror con los dioses y los templos antiguos: “Encerrado con los faraones” o “Nyarlathotep”.


Pero es en los relatos del Lovecraft con treinta años hasta su muerte prematura donde alcanza la perfección. Los que abren el Necronomicón para nosotros, nos muestran los horrores del asilo de Arkham, el misterio de la universidad de Miskatonic y los pueblos donde acechan maldiciones de miles de años y razas innombrables que dan culto a seres que no pueden ser siquiera descritos. Es el ambiente inhumano, absurdo, lleno de alusiones ocultistas y profundamente descreído, irónico hasta la crueldad, lo que sigue fascinando en las páginas de obras como La Sombra sobre Innsmouth, El horror de Dunwich, El susurrador en la oscuridad, El color surgido del espacio o el Morador de las Tinieblas y que han inspirado a miles de artistas hasta hoy. Tiene Lovecraft algunos libros que me acompañarán siempre, por la fuerza de sus imágenes y la carga de verdad absoluta que atesoran en su ensoñación irracional, como En las montañas de la locura, En la noche de los tiempos o el Modelo de Pickman.

La obra de Lovecraft conserva valiosas enseñanzas para mí, que se resumen en estas tres:

1)      No eres tan lista como te crees.
2)      Estás sola.
3)      Hay algo más grande, más poderoso y posiblemente más malvado que todos los individuos de este planeta.

Tiene que haberlo


11 junio 2013

Nuevas Vidas de Santos: Memphis Minnie

MEMPHIS MINNIE


La mujer tiene una preciosa sonrisa. Posa para el fotógrafo peinada y vestida como una estrella de cine. Es Memphis Minnie, la reina del blues del Delta, la tierra entre los ríos Yazoo y Missisipi,  ese que brilla tanto como las National*, las maravillosas guitarras de la marca que luce en sus manos.

Se llamaba Lizzie Douglas y era muy pequeña cuando ya tocaba el banjo y la guitarra. Hacía resonar su voz potente e inconfundible en la calle Beale de Memphis por unas monedas. Queriendo escapar de la miseria, se enroló en el Circo Ringling una temporada, pero volvió a la calle, a cantar y a la prostitución, actividad que la gran mayoría de las intérpretes de blues tenían que compaginar con la música para poder sobrevivir.

Allí fue descubierta por uno de los mandos de Columbia, mientras se buscaba la vida en compañía de su segundo marido, Kansas Joe McCoy. Con él comenzó su carrera discográfica con bastante éxito. A continuación grabó en Vocalion estas canciones inspiradísimas, en la mejor tradición de los grandes del Delta, cadencias pegadizas, apasionadas, hipnóticas, muy modernas, casi raw-rock, como “I´m talking about you” o “Bumble Bee”, en las que narraba, además de los conflictos sociales y su actitud desafiante ante la moralidad machista,  casi siempre escarceos sexuales, citas en burdeles y escenas muy subidas de tono, siguiendo la moda risqué, con equívocos y metáforas más o menos evidentes: “I´m gonna make my biscuits”, What´s the matter with the mill”, “Cherry ball blues”, “Soo cow soo”, “Singing snake blues”…

Se cambió el nombre a Memphis Minnie, en honor a la ciudad donde se crió, pero fue en Chicago donde se hizo artista reconocida a través de los sellos Decca y Bluebird. McCoy se divorció de ella dicen que por envidia hacia su talento, y casada por tercera vez, continuó componiendo e interpretando clásicos, como la emocionante “When the levee breaks”, sobre la gran inundación del Missisipi a finales de los años veinte, décadas después convertida en un hit por los Led Zeppelin, especialistas en rapiñar canciones de este tiempo. Tras una década de éxitos, supo que el blues se iba a transformar en otra cosa y fue de las primeras en tocar su National eléctrica. Tras decaer el interés por estas figuras con la invasión del rocanrol, Lizzie volvió a Memphis y allí, salvo esporádicos rescates de músicos más jóvenes, pasó sus últimos años en una situación económica muy difícil, rozando la miseria. Como la inmensa mayoría de estos artistas más grandes que la vida, murió sola en el asilo donde estaba acogida y fue enterrada en una tumba anónima. Mucho tiempo después, recibió un homenaje por iniciativa de Bonnie Raitt.

Su maestría como guitarrista, compositora y cantante puede disfrutarse en la colección de Document, que recoge todas sus grabaciones.


* The Mississippi Delta was shining like a National guitar, I am following the river down the highway/ Through the cradle of the civil war, “Graceland”, Paul Simon

29 marzo 2013

30 noviembre 2012

Madrid, con Perdón, el libro

Tras leer detenidamente "Madrid, con Perdón", he llegado a varias conclusiones que incluyo al final de este comentario.
http://www.ignacionavas.com/files/gimgs/16_ignacionavas01.jpg

Es verdad que este acercamiento a Madrid es un tanto raro y la ciudad se presenta, además de como sitio deprimente y a veces hostil - lo que tampoco era difícil de esperar, dado el estado de cosas -, en una sucesión de reflexiones que miran más desde dentro hacia afuera, en lugar de enfrentarse al objeto de la antología, que es la propia ciudad, y no yo y mis circunstancias.

Dicho esto, entre los catorce textos, prefiero aquellos que no han utilizado la ficción para representar su porción madrileña, entendiéndose ficción en el sentido literal, no como fabulación, que eso lo hemos hecho todos. No sé si porque, insisto, el objeto es la ciudad y creo que por sí sola merece una aproximación narrativa, social y estética que no ha escrito nadie desde hace más de un siglo.




Entre mis favoritos están el texto gélido y descorazonador de Esther García Llovet y su caminata por la M-30 ("La M-30, Gran Velada"); las historias entrelazadas del viejo Madrid y sus personajes heroicos, de Álvaro Colomer ("Los hombres que no nacieron en Madrid"); el paseo por el barrio de Moncloa -Ciudad Universitaria, tan cercano y certero, aunque hayan pasado miles de años, de Mercedes Cebrián ("Gaudeamus, porque no nos queda otra"); y la recreación de un territorio mítico, con el humor y la elegancia de Carlos Pardo ("Fenomenología de la Moraleja").

En la segunda presentación se insinuó que los participantes en la antología consideraban Madrid como un lugar feo y lleno de carencias. Es falso. Al menos, por mi parte, que siempre he creído que esta ciudad tiene un espíritu capaz de arrebatarte el alma. Desde que tengo uso de razón, vivo subyugada por sus imágenes. Madrid también es capaz de arrancarte el corazón y la piel a tiras si te dejas, pero ese es otro tema.

http://www.ignacionavas.com/files/gimgs/16_ignacionavas02.jpg

Conclusiones:

1) Como lectora y como fan, espero impaciente una obra de ficción, pero amplia, no solo relatos en antologías, de Jordi Costa.

2) Como autora, cada vez que me pidan una nota acerca de mí, voy a adjuntar un currículo de más de quince líneas.



* Las fotos pertenecen a los alumnos de la escuela de fotografía Blank Paper (http://www.blankpaper.es/), David Hornillos (http://www.davidhornillos.es/) y Nacho Navas (http://www.ignacionavas.com/)

23 noviembre 2012

12 noviembre 2012

03 noviembre 2012

Madrid, con Perdón

A la venta el 8 de Noviembre. 
Comentarios, información sobre presentaciones y autobombo, en unos días. 



19 septiembre 2012

The Ice Capades

Estaba pensando, como hacían en la canción Jackie y Judy, en ir a Berlín e unirme al SLA o a los Ice Capades, en una última intentona - a vida o muerte - de escapar de esta situación, en la parece que todo el mundo se ha vuelto completamente gilipollas, desde los cuadros de mandos de la represión al último mono que tiene una opinión autorizada y dinámica, pero el Ejército Simbiótico de Liberación está más muerto que carracuca y ahora solo sirve de merchandising para niñas bien y modernos que no saben lo que fue.
En cuanto a los Ice Capades, desaparecieron en  2005, así que tampoco me sirve.

En fin, voy a hacerme un "Vente pá Alemania", pero con un lanzallamas.
Quizás algo más económico.


02 agosto 2012

LEOPOLDO ALAS (4-9-1962/1-8-2008)


Odio el verano.
Odio con el alma la estación de los traumas de todas las edades,
de los días de calor aciago y la tristeza
luminosa, de la falsa alegría,
de las separaciones,
de los zarpazos de la muerte. Odio
las ilusiones de la estación embaucadora,
sus raptos de pasión,
su felicidad episódica. Odio
los fuegos artificiales
que no engañan ya ni a los adolescentes,
sus veladas de insomnio, sus pesadillas sudorosas. Quiero
escapar para siempre del verano,
no volver a mirarme en sus noches estrelladas,
en el sueño agónico de sus playas,
en su libertad vigilada. Odio
sus promesas que no se cumplen. Odio
la engañosa caricia de sus sombras,
la joven tersura fantasmagórica
de sus cuerpos errantes.
No quiero más recuerdos estivales,
ni fábulas de amores susurradas
en un bosque fingido. Odio
su música de grillos, odio la lentitud espesa
de sus interminables siestas. Odio
 las picaduras crueles de sus insectos tórridos,
la ansiedad de sus ruidos, sus vanas confesiones,
todo el dolor de sus silencios. Odio
su torrente de llantos, su cascada
de aprensiones, su cúmulo de culpas,
su rosario de insalvables distancias,
la suma de sus pérdidas y el alud de sus miedos.
Contemplo el horizonte de naves que se alejan.
Mi vida es la esperanza del invierno.

ODIO EL VERANO, Leopoldo Alas, Concierto del Desorden, Madrid, Ed. Calambur, 2007, pág. 29. 

*Conocí a Leopoldo hace muchos, muchos años en la Complutense. Él estudiaba Filología Italiana y yo había empezado Filosofía. Poseía raras cualidades, el talento y el humor. Era ese tipo de persona a quien no tienes que explicarle los chistes.
Yo he encontrado muy pocas.


21 mayo 2012

BLACK PULP BOX


Ya está en sus tiendas favoritas la caja de fanzines, cómics, bolsilibros y cuentos Black Pulp Box, editada por el muy interesante sello de Badajoz Aristas Martínez. Todo en ella es sorprendente: la calidad de la presentación, la cantidad de textos e imágenes y lo raro de una iniciativa en papel y de esta magnitud.

La idea que ha convocado a casi noventa personas, entre los que escriben, dibujan y diseñan la Caja es lo Negro, puesto en relación con la circunstancia española. Es muy curioso ver cómo cada uno lo ha interpretado a la luz de su edad y sus intereses culturales. Eso daría para pensar y escribir otra cajita :)

Todavía no lo he leído todo, - me queda el libro que Absence ha rescrito sobre los Superhéroes Negros, que ya incluyó en Mondo Brutto, pero ahora ampliado, si cabe, y con nuevo e inesperado desenlace, el libro de cómics "Betunia" y los dos bolsilibros - pero hasta ahora es más que recomendable, especialmente el volumen del fanzine, Aftersun, y la antología de cuentos, Amazing Bold Stories.


En Aftersun están principalmente los responsables de los fanzines Vinalia Trippers y 5000 Negros, amén de otras colaboraciones del mundillo. Los contenidos son muy divertidos y además hay dibujos, entre otros,  a cargo de Miguel Ángel Martín y Pablo Gallo, a quienes admiro. El único pero, y esto es una cosa mía de persona muy obsesionada con el tema, ya saben, es que el tema de la música no queda muy bien resuelto, sólo con un pequeño artículo sobre el funk español actual (??) y una pequeña mención al sonido Cañorroto.

En cuanto al libro de cuentos, editado por Luis Gámez, he de decir que me ha parecido igual o más interesante. Los diecinueve textos, escritos igual bajo la premisa del esquema "black on iberia", han dado resultados ciertamente llamativos. Para empezar, ninguno de ellos entra en lo que podría calificarse como de género "pulp", e incluso alguno ni siquiera utiliza a personas negras como personajes de su historia, sino que convierten lo negro en un estado físico o anímico. Precisamente de este grupo, el cuento sombrío y muy sardónico de Juan Francisco Ferré, Nigredo Pulp, y el bello y galáctico de Ana Belén Ramos, Carcasona RTH/12, son mis preferidos.

Pero también son estupendos el delirante ejercicio de historia-ficción de Robert-Juan Cantavella en El Piloto Pálido (a don Ricardo de la Cierva le iba a encantar),  y el cuento más pulp de estos cuentos sin pulp: el de Laura Fernández, el divertido ¡Maldita seas, Doris Dane! 


Tengo que reseñar por último el texto del Colectivo Juan de Madre, La Moreneta, Virgen de Montserrat, excelente interpretación del mito, y el extraordinario cuento de Jordi Costa, Negro Ébola, toda una lección de cómo subvertir el código políticamente correcto.

Pedidos, información, etc:
www.aristasmartinez.com
C/ Virgen de la Soledad, 15, 1º Badajoz 06001

23 abril 2012

LIBROS


05 abril 2012

SEMANA SANTA. Ocio y Entretenimiento (2)


Todas las imágenes pertenecen a Bendito País!, el libro del padre Bernardino Hernando, una Celtiberia Show de lo religioso (Ediciones 99, SA, 1976).

SEMANA SANTA. Ocio y Entretenimiento (1)


SEMANA SANTA. Productos de Temporada.




06 marzo 2012

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