31 mayo 2011
20 mayo 2011
14 mayo 2011
Sigilos
Austin Osman Spare murió el 15 de mayo de 1956. A los dieciséis años fue elegido la mayor promesa de la pintura del Londres de primeros del siglo XX. Tuvo unos años de gloria como ilustrador, en la mejor tradición de un Gustavo Doré, pero tras la I Guerra Mundial lo abandonó todo y volvió a su antiguo barrio de las afueras de la ciudad, donde terminó sus días en la más absoluta pobreza. Su ingente trabajo está compuesto de grabados, lienzos y dibujos, de estilos tan diferentes entre sí, que parece hecho por varios artistas. Spare es el primer pintor en practicar el "dibujo automático" y tiene un corpus mágico desarrollado por él mismo, que envidiaba Aleister Crowley.
Los expertos le conocen como "el genio que prefirió la pintura al dinero".23 abril 2011
26 febrero 2011
Fear No Evil
Once upon a time
There was a pretty fly
He had a pretty wife
This pretty fly
But one night
She flew away
Flew away
She had two pretty children
But one night
These two pretty children
Flew away
Flew away
Into the sky
Into the moon
There was a pretty fly
He had a pretty wife
This pretty fly
But one night
She flew away
Flew away
She had two pretty children
But one night
These two pretty children
Flew away
Flew away
Into the sky
Into the moon
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Fear no Evil,
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Sin Miedo
14 febrero 2011
24 enero 2011
Grace en El País
Me sorprendió a primeros de año está página de El País dedicada a mi persona. La escribe en su sección semanal en las páginas sobre Madrid Ruth Toledano.
Grace Morales con pasamontañas
RUTH TOLEDANO 07/01/2011
Que temblaran los herederos de González-Ruano, decían los de la web Madrid Me Mata en el post titulado El Madrid de Grace Morales. Y con razón: si la ínclita Grace Morales, firma estrella del mítico fancine Mondo Brutto, ha tomado la pluma de Répide y, de Álvarez, el tintero para ejercer de cronista social de la Villa, se revolverá en la tumba el propio César, cuyas Memorias, Mi medio siglo se confiesa a medias, leía nuestra Grace en pleno puente de diciembre. Lo cuenta en el post titulado "De lo castiz@", en su sección "Creaciones Madrid" de la revista digital de "librepensamiento y explicaciones" El Butano Popular (donde también escriben -van a mogollón para que quede constancia de que el elenco es de lujo, aunque puede usted, querido lector, saltarse las líneas que siguen si le parecen un chorizo, que para algo esta columna es vegana-: Sr. Ausente, Carlos Acevedo, Jorge de Cascante, Borja Crespo, Mike Ibáñez, Rubén Lardín, Don Lindyhomer, Santiago Lorenzo, Raúl Minchilena, Francisco Nixon, Miguel Noguera, Joan M. Oleaque, Carlo Padial, Marta Peirano, Javier Pérez Andújar, Joan Ripollés Iranzo, John Tones, Antonio Trashorras y Nacho Vigalondo).
Nos remite a Galdós porque asegura que don Benito es el que mejor cuenta todo lo madrileño
Ella nos remite a Galdós porque asegura, con razón no excluyente, que don Benito es el que mejor cuenta todo lo madrileño; eso sí, en formato 1.0. Y yo me remito a ella, con razón incluyente, porque me deleito con su colección de columnas, que gracias al formato 2.0 de esta Red en la que ya estamos irremisiblemente atrapados no tendremos que recortar y guardar en cajas de zapatos como las suyas, que esconden viejos billetes de Metro con anotaciones personales al dorso ("memorias de conciertos, cenas, cursos, borracheras, ligues, hospitales") y que su archivera denomina "Compendio de Ontología Metropolitana de lo que ya no es" o "diario de notas a pie de página del Subsuelo". Algún día se abrirán esas cajas y, al modo de Blanca Sánchez y Santiago Fisas con la movida madrileña, un curador del futuro se marcará una expo del underground que para sí la quisiera Ignacio González, con perdón. Con una pizca de suerte, es posible que para entonces hayamos cambiado de Consejero de Cultura y Deportes, aunque, pensándolo bien, quizá lo conviente fuera que no, ya que lo de esta expo no es más que pura especulación.
El último post de Grace Morales en las "Creaciones Madrid" de El Butano Popular se titula "El mercado" y está dedicado a un Pablo Olivares que me regocijo en temer sea el cantante de rock cristiano nacido a la luz en Argentina, tras sufrir su madre un parto, y a la Luz en México, tras sufrir su banda un secuestro. Se ocupa Grace del Mercado de Puerta Bonita, en cuyo abandono estuvo dispuesta a infiltrarse con nocturnidad, a través de un ventanal sin cegar y ataviada con un pasamontañas urban style, cuando se lo encontró okupado y con pancartas que reivindicaban un centro social.
Ella, la que nos ocupa, cámara en ristre, esperaba una cita con esa infancia en la que íbamos al mercado llevando el carrito que, de vuelta, ya pesado, traían nuestras madres. A la suya le pasaba el Mundo Obrero un vendedor de aceitunas y me pregunto, pues el mercado de mi infancia era otro pero el Mundo Obrero de mi madre era el mismo, si no habría en el Madrid preconstitucional, como en el Jaén bélico, una red de aceituneros altivos, por no decir comunistas, que explicaría el elevado consumo de aceitunas y otros variantes que se producía en mi casa materna. Sin ir más lejos, pues estoy hablando de Argüelles. Ni más ni menos. Grace Morales no pudo encontrar su infancia en el mercado, pero nosotros podemos encontrarla a ella en la Red. Y deleitarnos con su pasado, su presente y su futuro. Con su pasamontañas. ¡Ave, Morales, los madrileños, que van a morir, te saludan!
* Puntualización mía: el Pablo Olivares al que se refiere Ruth no es al que dediqué mi artículo, por muy bizarro que le pareciera a ella.
http://www.elpais.com/solotexto/articulo.html?xref=20110107elpmad_7&type=Tes&anchor=elpepiespmad
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Artículos Grace: Tatuajes
TATUAJES
(Enero de 2001, publicado en El Jueves).
Cuando éramos más pequeños, esto de los
tatuajes nos sonaba a tres cosas: primero, a marineros del extranjero, rubios
como la cerveza, de aspecto como el de la copla y el que gastan en la película
“Querelle”, a ciudades con puerto de mar y bares de madera, con capitanes
intrépidos que, entre caza y caza de calamares gigantes, recalaban en la tienda
del tatuador malencarado correspondiente y, además de tener en cada uno una
mujer distinta, iban y se hacían un tatuaje de la Isla del Diablo en el antebrazo,
ya repleto de dibujos de anclas, sirenas y cofres repletos de perlas. En
segundo lugar, los tatuajes nos sonaban a los malos pobres del barrio, a los
delincuentes que habían dado con sus huesos en la penitenciaría más próxima y,
como resultado, se habían tatuado el punto del kei de la galería o, en el mismo
estilo, a los legionarios del cuartel anexo, con sus tatuajes a lo vivo de
toscos dibujos de tías en bolas, corazones atravesados por puñales, cristos de
aspecto horrible, remedos de calaveras y leyendas clásicas como “amor de madre”
y “Vivan los Quintos del 75”. Un tercer grupo de personas humanas tatuadas
serían los camioneros, a modo de resumen de los anteriores, mezcla extraña
entre marinero, delincuente y legionario.
No se crean que no lo hemos estudiado,
que el origen de estos salvajes y pintorescos adornos, pasa en los indígenas de
culturas lejanas, famosos en el mundo entero antes de la fiebre ecológica y de
Sting cuando abusaba de aquel pobre infeliz jefe Raoni sin malicia alguna,
precisamente por sus tatuajes y por su costumbre de introducirse huesos,
palitos y anillos en todos los sitios imaginables de sus cuerpos, pero la
sorpresa ha sido ver cómo esta fiebre exótica, restringida a círculos muy
determinados y nada bien vista hasta el momento en este país nuestro, en el que
sus habitantes, sobrios y austeros hasta decir basta, siempre tan poco dados al
colorismo y a la imagen estridente, ha irrumpido con fuerza entre los más
jóvenes, al igual que la decoración de anillos y otros metales incrustados en
sus narices y tetes u ombligos, el llamado piercing, en principio de claras
connotaciones sexuales, utilizado además de por los indígenas por los salvajes
del sexo desde hace lustros. Lo chocante es que esta práctica haya pasado a ser
otra moda idiota de fin de semana, cuando la mari (Diana, Violeta o Miranda) de
turno se coloca en el ombliguito su arito de quita y pon y se va a lucirlo a la
discoteca, confundiendo el culo con las témporas (también, también en las
témporas se cuelga la gente cosas). Como será la cosa, que hasta Raúl de “Al
Salir de Clase”, ha decidido hacerse un piercing, pero, eso sí, de Tony
Hillfiger...
El otro Raúl, el del Madrid, de momento
no ha sido sorprendido portando un piercing, al menos, en ninguna parte
visible, pero eso no quiere decir nada, ya que hasta hace relativamente poco
tiempo, las barbas y los bigotes estaban prohibidos en ese club. Sin embargo,
en clubs más meridionales sí se ha visto ya a algún delantero centro con un
discreto arito, prueba fehaciente de que lo que empezó como algo alternativo y
rompedor, para minorías de enterados transgresores, se ha convertido en una
moda para los de siempre: para las multitudes que van a los raves-discotecas de
su pueblo o barrio todos los fines de semana. Los más guays se han quitado ya
los tatuajes en Houston y esos brazotes a lo Chili Peppers, eso pinchos a lo
Silke y esas escarificaciones al estilo Yola Berrocal se han quedado como el
amor de madre y los puntos de la droga del principio... Es decir, hechos una
pena.
Ahora bien, que no estamos diciendo en
absoluto que no nos mole ir tatuados, escarificados o hechos un santo cristo,
al fin y al cabo cada uno es muy libre de hacer con su cuerpo lo que digan lo
los americanos. Al fin y al cabo, un clavo en los perendengues siempre lucirá
más que salir con el culo al aire. O por lo menos eso nos parece a nosotros.
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09 enero 2011
Artículos Grace: Televisión Punk
Este artículo, firmado por Galactus y servidora, lo incluimos en la antología aquella que sacó la editorial La Tempestad. Era inédito y supongo que muchos de ustedes no lo leyeron nunca.
TELEVISIÓN PUNK: LAS SAGAS
Por Galactus y Grace.
(Publicado en Antología Mondo Brutto, Ed.
La Tempestad, 2003).
Lo que ha llovido desde que los Sex Pistols fueron
borrachos al show de Bill Grundy y, por hacer la gracia de soltar un par de
tacos, acabaran con la carrera del conocido comunicador, también ebrio,
organizándose un escándalo mediático comparable, en una escala dentro de
nuestras limitaciones, al que se formó con la actuación de Las Vulpess en “Caja
de Ritmos” o con la de Jordi Valls en la “Edad de Oro”. Pero la condena de
estos comportamientos mediáticos vino por diferentes conductos oficiales:
mientras que en Inglaterra el espectáculo fue condenado y aireado por los
tabloides y la prensa rosa, en España fue el largo brazo de la Conferencia
Episcopal, el Santo Oficio de la Transición, quien puso en el grito en el cielo
y pidió que rodaran cabezas por aquellas cosas de “Voy a meterle un pico en
la polla a un cerdo carroza llamado Lou Reed”, aquel lenguaje tan soez, la
actitud indecorosa, la apología de las drogas y los comportamientos sexuales
aberrantes. Pues en unas semanas, Carlos Tena, Paloma Chamorro y sus
respectivos programas quedaron condenados y anatemizados para siempre.
Después de estos
sucesos, la aparición de un Fernando Arrabal fuera de control gateando por una
mesa, los mocos que se le caían a un antiguo busto parlante de RTVE, y el
especial Nochevieja de Pilar Miró, con Antonio de Senillosa tirándose pedos con
Gurruchaga, fueron los highlights de nuestra televisión, entendida como
fenómeno basura, barato, y en resumen, punk, en sus acepciones originarias,
esto es, y según dice William Burroughs, el nombre que se le da a la figura que
hace de homosexual pasivo en ambientes carcelarios. O como denominaba Shakespeare
a los tunantes macarrucios. Los aficionados a este género estamos de
enhorabuena: por fin, el hecho televisivo español del momento parece sacado del
primer disco de los Clash, pero en su programación total. Aquellos escándalos
cuando se oía un “caca, culo, pedo, pis” de Ramón, o un “Se sienten, coño”, han
quedado en un juego de niños comparado con lo que se ve y se oye en los últimos
tiempos. Puritito hardcore, pero sin melodías. Raca raca raca… y venga raca
raca raca…
Ves a Pajares y su
Corte de los Milagros portátil, y es lo más grande que se ha visto desde “Los
Colby” en aquel episodio en que se parecían un poco a “Yo, Claudio”. Pasiones
mitológicas, figuras arquetípicas, cajas de Pandora, personajes míticos,
embriaguez dionisíaca y Hedonismo Desaforado desfilan ante nuestros ojos, allí,
con unos “¡¡Me cago en dios!! rotulados por el televisor, mientras que
se habla abiertamente de la vida sexual y las aficiones de estos artistas
excéntricos. Siguiendo el mismo proceso de “Mata a tu héroe”, y siempre
desde la premisa de “Mata a los pobres” de los Kennedys Muertos, se
escoge a una figura venerable del espectáculo, a ser posible, que esté en horas
bajas y con un grave desorden de la personalidad, motivado por el consumo
desenfrenado de sustancias perjudiciales para la salud, se le adjudica el papel de su vida, que puede
ser, en un tour de force interpretativo, el de un emperador romano entregado a
todo tipo de excesos y atrocidades. Se lo rodea, primero, de una familia, como
los Osbournes, pero mucho más macarras y corraleados, y se les implica a todos
en un guión lo más chusco posible, lleno de sexo, mentiras y cintas de vídeo. Y
drogas, mezclado con situaciones que sí son reales, pero que parecen increíbles
o mentira. Véase por ejemplo aquella horrenda confusión con el presunto asesino
del modisto italiano que sufrió el hijo de Pajares, que fue lamentable. A
continuación, la saga-río se adereza con unos secundarios de lujo que aportan
subtramas argumentales. Por ejemplo, la hija imaginaria de doce años que al
final resulta que no es tal (que hubiera sido fantástico haber visto qué clase
de hija de doce años habrían puesto, mucho nos tememos una cosa hasta de mal
gusto). ¿Y por qué nos detenemos en esta basura de saga? Porque lo que ahora se
ha calificado como un montaje orquestado por el propio protagonista, nos llamó
poderosamente la atención que en la grabación donde aparecía la supuesta madre
de la supuesta suripantita, ésta lucía una camiseta donde se podía leer “Arny”.
Si realmente lo ha montado todo él, se trata de un guiño genial, propio de un
Malcolm McLaren.
Ni siquiera el
bueno de Malcolm, cuando ya perdió la cabeza con Bow Wow Wow, hubiera concebido
una historia racial y exótica tan de cartón piedra como la vida y las cosas que
le pasan a Carmen Ordóñez, la Primera Dama del Punk Español, nuestra Diamanda
Galás. Con una trayectoria que ya quisieran para sí Throbbing Gristle: su
pasado en lo que se denominaría ahora un grupo paramilitar de ultraderecha, y
tocada con la boina falangista como Patti Hearst. A continuación, su boda con
la familia timnburtioniana de los Rivera, sin olvidar sus propias raíces, que
mezclan el pop con el toro. En los últimos años, se ha significado de nuevo
para sus seguidores como de hellraiser en cetrino, gracias a su espectacular
look y a sus amoríos con el bailarín punk paranormal Ernesto Neyra. Si nos
gustaba a todos cuando Patti Smith protagonizaba aquellos episodios de excesos
en los escenarios, cómo no nos va a encantar Carmina con el ojo morado posando
junto a un Ernesto luciendo en actitud tipo Eskorbuto. Todas las virtudes que
se les suponen a una estrella del rock las tiene Carmina, y ya las ha hecho
suyas, pero aún más excesivas: esas fiestas, esos amigos (el Chuli, el Cabra y
el Pai, que sólo falta Gerard Malanga), esos compañeros (como el ganadero Paco
Pablo Peralta, que es como de Pedro Pico y Paco Vena), esos hijos, ese todo…
Basura warholiana y bazura de La Bruja Lola. Las juergas del señorito crápula
que tanto envidiamos todos. Y por si fuera poco, hasta le ha salido un ama de
llaves como de “Rebeca”, que, ciega por la filfa y la furia, le acusó de cantar
todo el día “White Light, White Heat”, y reivindicar las figuras de Paul Bowles
y de Lou Reed cuando le sacaban a rastras al escenario.
De lo que sería la
Factory pasamos al punk de Tarzán y su Puta Madre, para hablar de la saga de
los Janeiro y su rancho Ambiciones. Qué locura de familia estos Misfits
andaluces, empezando por el padre y su señora, las novias del padre, las cosas
de la madre. Esa Belén Esteban, nuestra Courtney Love del groupismo torero y
los deeyais, ese propio dj como de “Manos a la Obra”, ese ambiente general que
rodea a la familia en esa casa, una mansión decorada como en las películas de
John Waters cuando se ríe de Almodóvar. El grupito de hermanos, con sus
suripantas particulares, las supuestas novias de Jezulín, empezando por La
Juani, “Leshuguita”, que es como la punkie enana de los Sex Pistols, sólo que
un poco más grande. Y su señora, que pa qué, como Jayne County mismamente.
El genuino punk
del estado siempre ha sido el punk andaluz.
En los últimos meses, hemos sido testigos de las imágenes durísimas y
terribles de la anciana tonadillera Marujita Díaz en un barco junto a Parada,
el John Peel del Movimiento, que ha dejado la escena del barco en llamas de los
Pistols en absoluto cero patatero. Igual que los Pistols le pusieron la tirita
en los ojos a la reina, esta vez había que habérsela puesto a ambos dos, no
sólo en el coño, sino en todo el cuerpo. Sexo, drogas y flamenco pop, a toda
pastilla, unas sobrecogedoras imágenes que ya han ido a parar junto con las que
almacenábamos del camping Los Alfaques y el aeropuerto de Los Rodeos, dos
sucesos muy punk 77.
¿Recuerdan cuando
Ramoncín fue cantante? Su hit “Hormigón, mujeres y alcohol”, “Litros de
alcohol, corren por mis venas, mujer, no tengo de problemas de amor, lo que
pasa es que estoy loco por privaaaaaar”?, pues eso lo que le canta el ex
alcalde de Marbella a su novia cuando los dos van de destroyer, como en su
debut en el Rocío, haciendo su particular “Road to Ruin”. Desde Sid y Nancy,
Cosey Fanni Tutti y Genesis P.Orridge, esas parejas bizarras del punk
anglosajón, no se recordaba nada parecido, si exceptuamos, claro está, las
anteriores parejas de la propia tonadillera, como su matrimonio clónico al de
Carmina, y sus coqueteos con el lado salvaje de la vida, con ese background que
ha llevado a gala con tías superimportantes y superduras, que ya quisiera el
caballón de Siouxsie haberse movido con Encanna y Paca Rico, cuando la
superstar iba de ambigua artísticamente. Una hermosa relación de amor al límite
en el marco de la Marbella 2003, que es nuestro No New York, y también nuestra
Isla de Tortuga de la película de los piratas.
Las sagas
anteriores, por su propio peso específico e importancia social, han vendido el
espíritu de comportarse de manera ordinaria y fea, mercantilizando la honorable
actitud punk. Ya es todo comercial, no quedan kamikazes en el panorama de hoy,
quitando a los grandes de toda la vida, como Ángel Cristo, Chiquetete o Manolo
de Vega, que siguen ahí, como para hacerse una camiseta, como aquella
legendaria de Sid Vicious en la portada del Sun, dándolo todo y elevando la
autodestrucción y el “Por favor, Mátame” a la categoría de arte. El resto no
son más que una generación en blanco de idiotas, que se han equiparado a
los montajes tipo New York Dolls de Tamara, Tony Genil y Alejandro Sanz. “Fruta
fresca para verduras podridas”.
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Televisión Punk
03 enero 2011
ARTÍCULOS GRACE
Casi quince años han pasado desde que
escribí este sentido artículo sobre la Nochevieja. Como estoy de migración
informática, voy a aprovechar, mientras salen las cosas nuevas, para el rescate de algunos textos del
principio de MB (algunos inéditos), de mi exitosa carrera como cronista social
de problemáticas bizarras, que tantas alegrías me ha dado.
NOCHEVIEJA: LA PESADILLA FINAL
Mondo Brutto, nº 8, Invierno 1996.
Por Grace Morales.
Falta
casi un mes para que termine el año. Sin embargo, ya se ven por todas partes carteles de
fiestas al efecto para esa noche "mágica". La gente comienza a pensar
en el sitio donde lo celebrarán, qué se pondrán, etc., mientras una pequeña
minoría - que incluye a los que hacemos Mondo Brutto…, bueno, a casi todos - se
echa a temblar y reza para que el trago
pase pronto y las secuelas esta vez no sean muy graves. Yo, como se le supone a
las personas de bien, odio las Navidades, pero lo peor, con mucho, es el
fiestorro de Nochevieja. No contentos con desparramar como las bestias todos
los fines de semana en bares, discopafes y discotecones, hemos institucionalizado una juerga horrenda,
cuya única finalidad es vestirse como de broma y hacer el anormal, aun más si
cabe que las demás noches, pasar frío y levantarse al día siguiente malísimo y
muy tarde, sin poder ver los saltos de
esquí que echan en la tele. Las Nocheviejas, por definición, son fiestas en las
que es imposible pasárselo bien, pero
haciendo gala de una resistencia al dolor asombrosa, la gente sigue repitiendo.
Vamos a ver: ¿Cómo es posible salir de copas y de droga sin freno una noche en
la que previamente te has inflado a comer y a beber como un poseído? La gente
sale de casa mala y con sueño, y claro,
luego sucede lo que sucede. Pero, vayamos por partes.
La Atroz Pre-Nochevieja.
Mientras
las madres preparan las cenas, la gente se reparte en dos grupos: los que se
están arreglando desde las 6 de la tarde, haciéndose el cardado y retocándose
las patillas para la superfiesta a la que van a ir, y aquellos otros que bien
han optado por una fiesta más informal y pasan de maquearse, o directamente son los bolingas que bajan al
bar del bloque para empezar desde bien prontito la celebración. Mientras los
primeros se ponen por novena vez el smoking, los segundos brindan sucesivamente
por las Navidades, los colegas y lo bien que se lo están pasando.
La Cena Pantagruélica.
Las
cenas empiezan a una hora prudencial, porque si no, no da tiempo a comerse los
veinte kilos de comida que tu anciana madre ha preparado antes de que den las
uvas. Para matar el rato, la televisión ofrece programas especiales en los que
las estrellas de cada cadena salen cantando y bailando para bochorno de los
espectadores, o bien los humoristas de turno cuentan las mismas paridas. Yo,
desde luego, siempre recordaré con cariño aquel desopilante especial nochevieja
de la Era Miró que protagonizó Gurruchaga, acompañado de un montón de freaks
desatados (Ana Obregon y Senillosa incluidos). Antes de los programas del Dr.
Beltrán, la televisión nunca había
alcanzado tales cotas de zafiedad y mal gusto, pero, en este caso, y sin que
sirva de precedente, hay que felicitar a los mandos de la tele por emitirlo en
fecha tan señalada y apropiada. No volverá a suceder nunca, me temo.
La
hora de la cena de Nochevieja es todo un acontecimiento. Siempre suele haber
visita de tíos, primos, cuñados, etc. que se amontonan en la mesa familiar,
dispuestos a comerse hasta el mantel. El menú consiste en: langostinos, nécoras
y otros crustáceos, patas de cordero, codornices al horno, besugos, macedonias
de frutas. La bandeja con los turrones que sobraron de Nochebuena y que están
pegados al papel de aluminio, donde flotan avellanas en un líquido blanquecino,
peladillas, frutas escarchadas, mazapanes y polvorones que pueden provocar
asfixia, nueces y castañas a troche y moche... Sin olvidar las cuatro o cinco
botellas de vino de Rioja, otras tantas de clarete, y al final, y tras engullir
el racimo de uvas, las inevitables copitas de champán Dubois o Freixenet, más
las de sidra El Gaitero para los más mayores.
Las Uvas De La Ira.
Este
es el momento que todos esperan: la retransmisión de las campanadas. Ahora la
cosa se ha diversificado con las privadas, pero antes todo el país seguía como
un solo hombre las evoluciones de Joaquín Prats y otra locutora desde la
Academia Cyma de la Puerta del Sol,
dando voces entre los petardos de los quintos y los sin casa que se
agolpan en aquel lugar. La gente se sigue haciendo un taco con los cuartos de
las campanadas, pero no sólo ellos, recordemos el espectáculo que dio la
locutora Marisa Naranjo al equivocarse y cantar las campanadas antes de tiempo.
Aunque no sé si es peor que las retransmitan Los Morancos... No, es peor que lo
hagan Cruz y Raya. Claro que lo de Carmen Sevilla también estuvo hermoso… ¿Y lo
de Chiquito de la Calzada del pasado año? Inconmensurable ¡Qué pena que el Dúo Sacapuntas no fuera aprovechado en su
momento de gloria popular para el evento!
El Infernal Programa de Fin de Año.
Tras
los besos y efusividades de los parientes, las llamadas telefónicas de los que
están en el pueblo, y los primeros
anuncios del año, sigue el programa especial de Nochevieja, que parece diseñado
por los responsables del Canal Infernal de "Permanezcan en Sintonía".
Presentado por la “señoritamodeloyactriz” de turno y un mazas gilipollas, quienes para convencer a la audiencia de que
todo es muy alegre y están en directo, no hacen más que presentar a gritos a
las estrellas musicales: ballets espantosos, que ni siquiera son de Bob Niko, grupos
pop rock tipo La Guardia, La Trampa, La Voltereta, cantantes melódicos
desfondados, folclóricas a medio disecar, artistas extranjeros que pasaban de
promoción, en la línea de Inmaculate Fools o Roxette, los inevitables y vomitivos flamencos y
salseros, etc., en un decorado de sala de fiestas con figurantes ataviados para
la ocasión cubiertos de confetti, que nunca he averiguado si realmente cenan de
verdad o lo que tienen en las mesas es todo falso. ¡Y el humor! Echamos de menos a Pajares y
Esteso, vestidos con smoking de pana y
haciendo que se emborrachaban a lo largo del especial fin de año de los setenta,
que seguro que lo suyo no era de atrezzo. Por lo menos, no era más que un fiel
reflejo de la realidad, pero lo de ahora no tiene nombre. De Lusson dando
bofetadas a Codeso hemos pasado a ver a cómicos de tercera que ya nunca salen
en televisión, salvo esa noche, como Paco Gandía, Félix El Gato, Manolo de Vega
y una larga de lista de innombrables.
Unamos
el profundo sopor que provoca la cena a la espantosa programación televisiva, y
tendremos esos cuadros familiares, con todo el mundo dormido a las 12:20. Para
animar y calentar la cosa, el programa de fin de año incluye desde hace tiempo
un strip tease realizado torpemente por alguna camarera de whiskería de
carretera nacional, pero ni por esas. Es
cuando empiezan las partidas de cartas, dominós, Trivial, pero la estrella es
el clásico bingo de mesa, que por unas horas despertará de su letargo a los
abuelos. Pero lo peor no ha hecho nada más que empezar.
Vestidos para matar (del susto).
Como
si del Apocalipsis se tratara, una
multitud de jóvenes se lanza a la calle
para disfrutar de la Nochevieja. Es difícil describir los atuendos de
ellos y ellas sin ofuscación: en realidad, son los mismos que se emplean en
bodas y similares reuniones del Mal: vestidos aterciopelados, gasas y tules,
rasos a mogollón, conjuntos sin tirantes, plateados y dorados, trajes de
caballero que ningún caballero se pondría si lo fuera de verdad, moños, ricitos
y demás ridículos peinados, etc. He visto todo tipo de atroces vestimentas esa
noche, pero mis favoritos han sido, hasta el momento, el de un tío que llevaba: un traje color
hueso, camisa hawaiana, pantalón de pinzas, zapato imitación castellano - con
calcetín blanco -, y pajarita de cuero
rojo, y el de una chica ataviada con un traje de noche largo, color vino, de
tela a la que enseguida le salen pelotillas, con incrustaciones de tachuelas
brillantes simulando unas aves del paraíso. Completaba su atuendo con una chaqueta
de punto de rayas blancas y negras, creando un efecto inolvidable. Por propia
experiencia personal, la vestimenta para Nochevieja debe ser todo terreno. Es
preferible llevar lo más sufrido del vestuario, porque siempre te acaban
volcando media docena de cubatas encima, cuando no tienes la mala pata de que
alguna/o te vomite sobre el vestido de raso, o resbales en un lodazal de
confeti y champán. Sin duda, recomiendo un práctico mono de trabajo o el
chandal de táctel del Pryca.
Y... ¿Ahonde Vamos?
La
fiesta de Nochevieja admite todo tipo de perversas combinaciones. El genio
maligno no conoce límites a la hora de planear jolgorios de fin de año. Estos
son algunos de los que hemos sufrido personalmente o por testimonios de
afectados:
La Fiestorra En Casa.
Quedan
atrás aquellas Nocheviejas en las que los niños del bloque nos bajábamos al
trastero donde se guardaban las bicis, a tirar petardos como descosidos, mientras los vecinos arrojaban objetos
contundentes por el hueco de la escalera, descalabrando a una servidora. Todos
hemos tenido la oportunidad de ir a celebrar el fin de año a casa de algún
amigo, conocido, o incluso desconocido, porque está muy extendida esa noche la
costumbre de presentarse en la keli de alguien a quien ni siquiera se conoce,
pero que es colega de uno que ni siquiera va contigo. Pues nada, lo de siempre:
la típica fiesta doméstica, pero con los asistentes vestidos que da pánico, y
más borrachos de lo normal. Las figuras clásicas no faltan: el pesado, el
cachondo, la novia del anfitrión completamente cocida, que monta el espectáculo
para vergüenza de su pareja, el infeliz que se lleva sus discos más selectos y
acaba perdiéndolos, las amigas que terminan llorando o a bofetadas, los novios
que se meten en la cocina o en el servicio y no salen, los padres que aparecen,
el abuelo sentado en un butacón que no se entera de nada, etc., pero todo esto
adornado con drogas de broma, serpentinas, matasuegras y un sonido atronador de
la cadena, o de la radio, porque en Nochevieja hacen programas non stop de
éxitos musicales, desde "Pata Pata" a "Mi Novio se ha ido a
Hawai". Siempre acaban con todo el mundo dormido, pringados de chocolate
Paladín a la taza, o en el mejor de los casos, con aparición de la ley,
alertada por los vecinos. No me creerán, pero la mejor fue una en la que la
concurrencia estaba tan intoxicada, que no se percató de la presencia de una
banda de cacos, que desvalijaron el piso
ante el aplauso general.
¡A desparramar a la calle!
Inasequibles
al desaliento y a la helada nocturna, hay muchos que pasan la Nochevieja yendo
de bar en bar, o directamente en la calle, provistos de bidones de cerveza y
whisky, ante una chasca improvisada.
Grupos tambaleantes de gente que no se decidió a comprar la entrada para la
fiesta del barrio, recorren las calles como si de unos nuevos José y María se
tratara, tratando de encontrar un sitio donde les permitan beber y estar
calentitos. Los pubs y bares hacen su agosto, poniendo las copas a precios desorbitados
y entradas disuasorias, pero esto no impide que la gente se agolpe en las
puertas del pub al que van siempre rogando para que les dejen entrar, como si
les fuera la vida en ello. Una vez dentro, el panorama es el mismo, sólo que
decorado de Navidad y con canciones de los discos "Disco Fiesta" y
"Grandes Éxitos de La Tuna". Los colegas se abrazan y se felicitan la
Nochevieja unas doscientas veces, mientras las botellas de cava se estampan
contra el suelo. Después de tanto trasiego, hay dos modalidades de festejador de
la Nochevieja en la calle: el que se queda dormido en un butacón del
garito, mientras los amigos le decoran
con espumillón y bolas de Navidad, y el que vomita en la barra, cosa que
aprovechan los graciosos para averiguar cuál ha sido el menú en su casa:
"Mirad, este ha comido chorizo, nueces, tortilla..."
La
mayoría de este gentío suele encaminarse a la zona de marcha en Metro (digno de
un estudio sociológico el aspecto de los vagones esa noche a las 12 y media),
pero hay toreros que no dudan en sacar el coche, organizando esa noche el
atasco más monumental del año. Y claro, se suceden todo tipo de golpes y
choques en cadena. Lo bonito es cuando se bajan del coche los conductores,
completamente ebrios, y sus acompañantes, ebrios también: conversaciones
ininteligibles, imposibilidad de escribir el nombre de uno en el parte, etc.
La Fiesta En La Discoteca Alquilada Al
Efecto.
Los
amigos más formales y con novia prefieren una Nochevieja recogida y con un
toque de estilo. (Le llamo estilo a ir con el traje de lanilla, fajín a juego,
pelo engominado y vestido de lycra con moño, por supuesto). Para ellos, existen esas fiestas que
organizan los delegados del club cultural del bloque en una discoteca que está
en horas bajas, o en su defecto,
en el salón de bodas de turno. Allí se da cita toda la pandilla de
amigos funcionarios, compañeros del taller y de la obra, con sus respectivas,
hermanas, primas y hasta alguna madre.
Es aquí donde se ven los trajes y vestidos más horripilantes, la música
más infame, los bailes más ridículos y
donde la gente se aburre más, aunque me temo que éstos se aburren en
todas partes, todos los días del año. El punto álgido se produce cuando suenan
las sevillanas, y las maris y los gañanes se lanzan a la pista a hacer
aspavientos. Lo peor: los inevitables e imaginarios sorteos de viajes a
Mallorca o a Benidorm, con todo el mundo pegándose por encontrar sus boletos.
La Macrojuerga En El Polideportivo.
Siendo
la más reciente, es la que más adeptos ha cosechado entre nosotros. Era de
esperar: ¿quién se puede resistir a pasar la Nochevieja en un local inmenso,
rodeado de cientos de botarates y un sonido ensordecedor? Los astutos
empresarios conocen los gustos de la
gente y saben que aquí todo el mundo se pirra por los borregueros sin salida de
humos ni de emergencia, y las concentraciones masivas de idiotas. Desde luego,
no deja de tener su gracia pagar un disparate de dinero por pasar la noche en
el Pabellón del Real Madrid o en la Cancha de
Pelota Vasca de Getafe. Salvo hace unos años, y en el Frontón de Madrid,
del que fuimos expulsados más o menos violentamente (unos novios, completamente
cocidos, la emprendieron a golpes el uno con la otra), confieso que nunca he estado en un tumulto de
estas características, pero los que lo han vivido me hablan de colas de media
hora para pedir el combinado de importación, guardias jurados que a punto están
de hacer fuego contra los invitados, pistas de futbito repletas de gente dando
saltos e imposibilidad de entenderse los unos con los otros, mientras un sujeto
vestido de DJ anima el cotarro, con consignas como: "Los del guardarropa,
dejen de agolparse, ¡que van a tirar el tenderete!". Ah, mucha gente
pierde los abrigos, capas y zapatos en estas concentraciones. O van los cacos,
y los roban.
La Cena-Espectáculo.
Todo
vale: desde ir a ver a Olga Ramos o a las vedettes del Meliá Castilla. Hay
otros que prefieren una revista, en la que a las doce, Pedro Osinaga y Lina
Morgan detienen la función y brindan por el año nuevo. Como en todas las demás,
no falta nunca la bolsa de cotillón, un envoltorio de colorines que incluye:
las serpentinas, el confeti, el collar hawaiano, el matasuegras, la trompeta,
el antifaz, las gafas y la nariz de broma. Estos adminículos son, sin duda, lo
mejor de la Nochevieja, aunque no están muy bien vistos, porque la gente dice
que, atención, son muy horteras, por eso mismo recomiendo encarecidamente
hacer uso de todos ellos, para fastidiar a los demás. Las cenas-espectáculo
tampoco son del agrado de la mayoría, prueba de ello es la bronca monumental
que a nosotros nos echaron por querer meternos en una de ellas: "Pero...
¡Vosotros estáis gilipollas, si a esos sitios sólo van viejos y es un muermo!
¡Vámonos a Cerebro!".
La Nochevieja en el Pueblo.
Son
muchos los que se trasladan en navidades a su pueblo y allí, cómo no, también
hay jolgorio de fin de año. La triste realidad es que sigue siendo lo mismo,
pero con menos gente. La discoteca de la pedanía se engalana y los mozos y
mozas bailan al ritmo de Amistades Peligrosas, Whitney Houston y Bom Bom Chip,
entre niños que corretean por la pista y abuelos dormidos. Un redactor de Mondo
Brutto me ha hablado de celebraciones salvajes en pueblos, en los que, al estilo de la Puerta del Sol en
Madrid, los mozos se dedican al lanzamiento de botellas de sidra contra el
edificio del Ayuntamiento, pero mi experiencia en esta modalidad ha sido de lo
más tranquila y sin ningún sobresalto. Vamos, que no he acabado en el pilón.
Destruction Party.
He
dejado para el final un tipo de fin de año memorable. Como es lógico, la
picaresca llega a límites insospechados en estas fiestas y algo muy común es
que vayas a una fiesta - tras haber pagado ni se sabe de dinero - en la que no
haya ni bebidas, ni música y, a veces,
ni local. Recuerdo una con mucho cariño: todo el barrio decidió ir a
pasar la nochevieja en una discoteca situada en un polígono industrial. Unas
150 personas entraron y se quedaron en la calle otras doscientas - con entrada
pagada - que no pudieron acceder al interior, porque había exceso de aforo. Los
que estaban dentro se encontraron con que se habían agotado todas las bebidas a
la media hora, no había hielo, el grupo
que iba a tocar no existía y eran conminados a abandonar el local por una
guardia pretoriana de modales carcelarios. Ante el panorama, se produjo una
revuelta popular, y el público se dedicó a destrozar la discoteca, al grito de:
"¡Sus os vais a enterar!". El mobiliario quedó reducido a escombros,
los cristales y vidrieras volaban por los aires, moqueta y papeles pintados fueron
arrancados de cuajo y, como colofón, el billar fue arrojado por las escaleras,
acabando en la calle, mientras los que estaban fuera tiraban todo tipo de
objetos y los de dentro se llevaban las sillas que aún quedaban enteras y el
equipo de sonido. Al final, se presentó la policía, y muchos terminaron tomando
chocolate con churros en el cuartelillo. El nombre de la discoteca, Equus,
quedó para siempre como “Atraccus”. ¡Esto sí que es un fin de año y lo demás
son tonterías!.
Consejos Prácticos Para Reventar La Fiesta
De Nochevieja:
-
Llevar botellas de Cynar y de Calisay a una fiesta en el domicilio. Los demás
se morirán de pena.
-
Vestirse con el atuendo equivocado, o sea el mono y el chandal. Y, muy
importante, ponerse todos los accesorios de la bolsa de cotillón, desde el
gorrito a las gafas de broma. Los guardias jurados del polideportivo os
invitarán a que os marchéis.
-
Desenchufar los cables del mafle o fundir los plomos de la sala.
-
Lanzar explosivos a la pista.
-
Echar somníferos en las bebidas.
-
Verter aceite en el suelo.
-
Contratar como músicos a Tercera Guerra Mundial, si la fiesta es de gente fina, o a la
Orquesta Burbujas, si la fiesta es de
rockeros.
-
Irse a dormir después de la cena. Mañana será otro día. Tu estómago, tu cabeza
y tu bolsillo te lo agradecerán.
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Artículos Grace,
Nochevieja
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426 EUROS
La última prestación invertida en un regalo señorial. Casi un millón de personas no pueden estar equivocadas.
21 noviembre 2010
05 noviembre 2010
04 noviembre 2010
INFRASERES y BOCACHANCLAS
En los últimos tiempos contemplo unos debates apasionados,
un tomar posiciones, un dejarse llevar por tan elevados principios, que es para
sacar pecho de la madurez ideológica y la sensibilidad de los teóricos de la
cultura pop. Me congratula que el s.XXI haya abierto de esta forma las
conciencias.
Que los funcionarios del Ministerio de Cultura o como quiera
dios que se llame aquella cosa van y etiquetan de “X” una franquicia de peli de
terror para que las personas no puedan ir a verla más que a cines porno, ¡toma rasgado
de vestiduras generales y debates encendidos en los foros pajeros! ¿Qué es esto
de censurar una película? ¿Es que vamos a tener que volver a Perpignan, como
hace generaciones? ¿Es que ya no nos van a dar ni la oportunidad de poder ver el
cartel en las salas para bajárnosla del Internet?
Pero es que no es un hecho aislado, que se ha decidido en
esas – supongo – apasionantes reuniones de los burócratas llenos de dinamismo en
el despacho de arte y cultura, entre manejar unos muy importantes presupuestos
para hacer trípticos sobre el Museo del Simio y prepararse el siguiente
modelazo para la aparición pública en un besamanos. Van y traen una película
fuertecita a un festival, y se organiza otro escándalo-risión en la tele, con lánguidas
y retrasadas estrellas de los mass media expresando su consternación por este
atentado contra los muñecos de plástico, y tertulianos fronterizos condenando
el hecho común y haciéndose un taco, que una ya no sabía
si aquello era un debate sobre cine o apelaban a la unidad de los demócratas contra el
terrorismo u otra cosa de tertulias de este corte.
Un par de revistas satíricas publican unos chistes gráficos
sobre populares personajes del mundo social, de estos que sacan las manitas
para saludar desde sus palacios, y las autoridades secuestran los números en
nombre de la ley, la lucha contra el poco respeto que tiene el populacho ante
las personas de categoría y un sinfín de argumentos mongoloides hundidos en la
ola de pensamiento políticamente correcto que nos invade. De nuevo,
movilización escandalizada y declaraciones contundentes contra este atropello
contra la libertad de expresión, defensa numantina de las obras artísticas: sin
restricciones, sin censura y buen rollo. Que es una broma, una sátira, el
animus iocandi, que no queremos que quemen la voluntad creadora y su puta madre...
Se publica un libro de un popular personaje de la tele, conocido
en España por sus declaraciones de bocachancla y mamarrachadas diversas (debe
ser frustrante que lo que haya querido ser uno es un profundo y respetado
intelectual, y convertirse en lo más parecido a un mequetrefe de reality show,
pero es lo que pasa cuando te carbonizas haciendo el indio…), se marca un speech
bravucón sobre su querencia lasciva por las menores, querencia dicho sea de
paso compartida por un amplio sector del target masculino, y le hacen un
supercampaña de publicidad acusándole de comeniños unos y de adalid de las
libertades otros. Unos piden como hidras, en nombre de las lolitas del manga y
sus derechos, que se le eche del organismo autonómico donde sale diciendo
estupideces la mayor parte del tiempo, y otros firman un solemne manifiesto de
extrema derecha apoyando su entereza moral de pichabrava español.
Ahora, el “Me sucedió a Mí”.
En 1997, un colaborador de mi fanzine, que tuvo un momento
de medio gloria en este mundillo por sus textos de provocación atolondrada, como
un Dragó pequeño, escribe un artículo satírico en el que se ríe del popular
dueño de una discográfica independiente. Utilizando el Cuento de Navidad de
Dickens, parodia, se mofa y befa del conocido empresario para hacer la
jaimitada de bocazas, tan habitual en él. El empresario monta en cólera, y nos
pone una demanda de responsabilidad penal, pidiendo 500 millones y
cárcel para cada uno de nosotros.
Llega el juicio y me da que el juez hubiera querido multarnos
a todos, demandante y demandados, por gilipollas, jipis y tontolabas. Nuestros
abogados presentan como pruebas los fanzines que publicaba el propio denunciante, en el que
aparecen unos tebeos donde se hace parodia, mofa y befa de sucesos tan populares
como el de Alcásser.
Juro que no voy a volver a mencionar este incidente, que
parece que le gusta tanto a las personas, pero me pregunto,
¿Dónde estabais entonces,
infraseres?
02 noviembre 2010
31 octubre 2010
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