25 agosto 2012

AVISTAMIENTOS MARIANOS RELOADED

(En homenaje a la vidente del Escorial, recojo este pío testimonio que dieron Galactus y Musgo Man allá por 1994 de su visita a Prado Nuevo, y que fue publicado en el nº 3 de Mondo Brutto).


MAD RELIGION
AVISTAMIENTOS MARIANOS EN EL ESCORIAL
 (Mondo Brutto nº 3, Otoño 1994).


    De todo el mundo es de sobra conocido el interés que suscita en la Redacción de Mondo Brutto los fenómenos de devoción popular por la figura de Nuestra Señora, Patrona de España y Capitana de la Tropa Española. Por esto no podíamos dejar de hacer acto de presencia en una de las manifestaciones de fervor mariano más impresionantes de los tiempos modernos. Nos estamos refiriendo, cómo no,  a las pasmosas apariciones de esta Deidad en un simpático pueblecito serrano, San Lorenzo de El Escorial.



   No bien había madrugado la madrugada, cuando los dos miembros más piadosos de Mondo Brutto comenzaron su peregrinación al Santo Lugar. Si bien en un principio habían pensado realizar el trayecto de rodillas, hubieron de desistir en sus intenciones por una inoportuna Operación Asfalto. Finalmente, el viaje tuvo lugar en el vehículo oficial de Mondo Brutto que, por cierto, está bendecido en la Basílica del Cerro de Los Ángeles y bajo la advocación de una docena de Potencias Celestiales.

   Bien temprano estábamos dando vueltas por el pueblo de El Escorial, inquiriendo a los lugareños menos sospechosos sobre el lugar de los prodigios; en algún lugar de la carretera de Valdemorillo dimos con su paradero. Ya habíamos comprobado con sorpresa según nos acercábamos, que no se habían puesto a funcionar sin motivo dispositivos como el claxon, el limpiaparabrisas, los intermitentes, etc., ni se oía en el radiocassette Música Celestial. Dedujimos por eso que Nuestra Madre se encontraba en el Paraíso, intercediendo ante Dios Padre por la conversión de Cuba. Un poco desilusionados ante su ausencia y por el poco trasiego de fieles que allí concurrían, preparamos nuestros adminículos al efecto: vidrios ahumados para ver la Danza del Sol en todo su esplendor, Polaroids para sacar instantáneas de la Materialización, botellas de agua para ser consagradas, y un pliego de peticiones (La conversión de Rusia, la devolución de Gibraltar y la canonización del anterior Jefe del Estado). Volvimos a la vida terrena, convencidos de que la Virgen no se encontraba entre nosotros ese fin de semana, cosa que comprendimos porque en estas fechas estivales son múltiples sus compromisos en toda fiesta patronal que se precie. De esta forma, nos sumamos al fervor de esas gentes sencillas que ya se aprestaban a vivir un día de salutación a María. Era de ver el gentío que se congregó ante la verja de acceso a la Atracción. Ante aquel sol de justicia, que bien pareciera que Nuestra Señora lo había detenido sobre nuestras cabezas, mientras que los voluntarios marianos pedían paciencia a los fieles. 



Aprovechamos para confraternizar con estos, ponderando lo bien equipados que iba (sillas plegables, gorras con el logo de la Virgen, paipais, rosarios de Todo a Cien y una porción de artículos píos). Entre anécdotas y chascarrillos de curas tarambanas pasó el tiempo en un santiamén, y pronto la verja estuvo abierta. Cuál no sería nuestra sorpresa al darnos cuenta de que no éramos conducidos al Campo Santo, sino a lo que parecía ser una pequeña central lechera. Al parecer, el edil marxista de El Escorial, en un nuevo y vano intento de desbaratar los planes del Altísimo, había vallado el meeting point. Pero como bien nos dijo un responsable de la organización, la Virgen no tiene preferencias, por lo que si aparecía indoor, aquello sería la leche. Echamos un vistazo a las instalaciones, preguntándonos si sería allí donde se elaboraba la leche El Buen Pastor. Sin darnos cuenta, fuimos a parar a unos tenderetes que, si bien modestos en su oferta, resultaban simpáticos por lo exorbitante de sus precios (pack de gorra, pañoleta y banderín, 1.600 ptas., póster a todo color de idealizaciones de la Madre de Dios, 500 ptas.). En aquel ambiente, más propio del templo de Jerusalén, vimos llegar un par de autocares, de MU y TO, que descargaron decenas de pensionistas, tullidos y niños resignados, todos portando garrafas de aceite desnaturalizado, sacos de patatas y hogazas de pan. No sabemos qué final tendrían aquellas viandas, si serían destinadas a los negritos de las Misiones, a aparecer en el Libro Guinness como la tortilla de patatas más grande y más piadosa, o a hacer el remake del número de la multiplicación de los panes y los peces. Lo que no tenía desperdicio (o más bien sí, por el descuido que ofrecían las instalaciones) era el interior del Templo Lácteo, entre Uperisadoras y Pasteurizadoras se encontraban dispuestas unas cuantas sillas viejas ante un modestísimo icono de Nuestra Señora, que hacía las veces de altar. Con gran recogimiento nos plantamos de hinojos ante el ara, pidiendo los favores de siempre: “Virgencita, que me quede como estoy”, haciendo gala de una fe inquebrantable y desoyendo el slogan institucional que reza: “Fíate de la Virgen y no corras”. Reconfortados espiritualmente y con plena fe de que nuestras plegarías serían escuchadas (de hecho, sólo nos temblaba el brazo de costumbre), nos dirigimos a hacer acopio de merchandising como recuerdo de nuestro paso por este Prado de Lágrimas. En eso estábamos, cuando se nos acercó un individuo que ya llevaba tiempo observándonos desde su 4x4, y nos interpeló: “Jóvenes, ¿qué están ustedes haciendo aquí? Porque aquí sólo se viene a rezar o a conocer los mensajes de María Santísima”. Y con un tono severo, pero firme,  como de hombre acostumbrado a mandar, nos conminó a que nos disolviéramos. Nosotros, esto lo interpretamos como una señal del Cielo, en una época de moral tan relajada, y dimos por bien empleada su reprimenda. Vimos en él la reencarnación del Ángel Flamígero, y no a un cacique vivalavirgen cualquiera; dejamos para mejor ocasión que nos enseñara su colección de trofeos cinegéticos de especies en vías de extinción y su uniforme de alférez provisional, y la medalla de Sufrimientos por la Patria. Volvimos a la capital con el firme propósito de propagar la Buena Nueva, empezando por hacernos consiliarios de Hermandades del Trabajo (sección artes gráficas). A.m.D.g.


Por Fray Galactus y el Beato de Musgo.


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