11 noviembre 2015

Devils

Paso más tiempo en los hospitales que en cualquier otro lugar. Lo sé todo sobre estos edificios. Preguntadme lo que queráis. Conozco los rincones donde se esconden los vagabundos que van a dormir en invierno, y las azoteas secretas donde fumamos pacientes, personal y visitantes. Me sé de memoria el trayecto de la ropa sucia hacia el sótano de las lavadoras, puedo bajar a ciegas por los pasillos que llevan a las cocinas y en sueños soy capaz de volar al cuarto de los cadáveres. ¿Queréis muestras de sangre, las radiografías de vuestros huesos rotos?  Yo sé dónde están los archivos de cada sustancia, el laboratorio del sufrimiento y la cita correspondiente.
Es difícil decidir de qué clase es la multitud que pasa cada día por aquí, diferenciarla de los trabajadores y los enfermos que intentan camuflarse en ella. No sé quiénes son vivos en la muerte, enfermos que esperan el día del tránsito, o como yo, acompañantes en la intriga de su convalecencia. Todos llevamos una pregunta para otro y nos respondemos con evasivas de médico. Pero estoy segura de que he tocado un Ford Capri verde oliva sobre el cemento de la entreplanta, en una oficina de objetos y cuerpos perdidos que dirige un bedel con uniforme de taxista. Una vez, una procesión de niños que iban a hacer la comunión en la capilla asustó a la planta de medicina interna. Yo los vi, ellos a mí, no.
- Cuando llegue mi turno, espero ser sopa de sobre y no caldo descongelado de la cámara de la cocina. Diez minutos, máximo.

https://www.youtube.com/watch?v=5w9le5KAtnk&list=RD_1xDEMWkRJk&index=2

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